Datos biométricos, Apps divertidas y consentimientos invisibles
Imagina esto: abres tu celular, descargas una aplicación gratuita, le tomas una selfie, la app te devuelve la foto envejecida 30 años y te ríes a carcajadas. Luego, la compartes en tus redes sociales y todos tus amigos hacen lo mismo. Suena inofensivo, ¿verdad? Pues resulta que detrás de esa risa fácil se esconde una historia mucho más interesante —y preocupante— sobre cómo las aplicaciones recopilan nuestros datos biométricos con un consentimiento que, seamos honestos, casi nadie lee.
El caso de FaceApp es el ejemplo perfecto para hablar de este tema. Esta aplicación se hizo viral en 2019 gracias a un reto que recorrió el mundo: subir tu foto con el filtro de envejecimiento. Desde celebridades como Drake y Nick Jonas hasta políticos y usuarios comunes, todos se sumaron a la diversión. Pero, ¿qué pasaba realmente con nuestras caras?
El Creador Detrás de la Magia
FaceApp fue creada por Yaroslav Goncharov, un ingeniero ruso de 40 años que ya tenía una carrera impresionante antes de crear su producto estrella. Goncharov trabajó para Microsoft y fue cofundador de Yandex, el famoso buscador ruso al que muchos llaman el “Google ruso”, que acabó siendo vendido al verdadero Google por 38 millones de dólares. En 2014 fundó Wireless Lab, la empresa detrás de FaceApp, con sede en San Petersburgo, Rusia. La compañía es pequeña: apenas 12 empleados, y Goncharov posee el 100% del negocio.
Según datos revelados a Forbes, FaceApp superó los 100 millones de descargas. De esos usuarios, aproximadamente el 1% pagó la versión premium a cuatro dólares al mes. Eso significa ingresos de al menos 4 millones de dólares anuales —una cifra nada despreciable para una empresa de una docena de personas— impulsada por la diversión momentánea de ver cómo seremos de viejos.
El Problema: ¿Consentiste o No?
Aquí viene la parte que nadie quiere leer: los términos y condiciones. Según los términos de uso de FaceApp (actualizados por última vez en marzo de 2017), al usar la aplicación otorgas una “licencia perpetua, irrevocable, no exclusiva, libre de regalías, de alcance mundial, completamente pagada, transferible y sublicenciable” para que FaceApp pueda usar, reproducir, modificar, adaptar, publicar, traducir, distribuir y mostrar públicamente el contenido que subas, sin ninguna compensación para ti. En palabras más sencillas: le regalas tu cara para siempre.
Como explicó Ari Waldman, profesor de la Escuela de Derecho de Nueva York, en una entrevista para Letras Libres: “El usuario conserva los derechos de autor, pero le da a la aplicación la posibilidad de hacer prácticamente cualquier cosa con las fotos que se almacenan en sus servidores”. Y eso no solo aplica a tu foto: si la foto incluye a un amigo, familiar o compañero de trabajo que ni siquiera usa la app, sus datos biométricos también quedan capturados. La base de datos de rostros resultante es, literalmente, gigantesca.
Tus Fotos, en la Nube (y Fuera de tu Control)
Will Strafach, experto en seguridad digital, descubrió algo importante: a diferencia de la mayoría de las aplicaciones de edición de fotos que procesan todo localmente en tu dispositivo, FaceApp sí envía las fotos seleccionadas a sus servidores en la nube. Eso significa que no solo la versión final terminada se sube a algún lugar, sino también las ediciones previas y la foto original. Goncharov confirmó que la aplicación utiliza servidores de Amazon en Estados Unidos y Australia, y aseguró que las fotos se eliminan después de 48 horas. Pero, como bien apuntó Strafach, “a mí no me dejaron claro que las fotos se enviaban a sus servidores”.
Además, la política de privacidad de FaceApp permite la transferencia de información a otros países y jurisdicciones, lo que significa que los datos biométricos recolectados podrían terminar siendo procesados en prácticamente cualquier parte del mundo, con estándares de protección que varían enormemente según el país de que hablemos.
Las Alertas desde América Latina
El fenómeno FaceApp no pasó desapercibido en América Latina. En Chile, el Consejo para la Transparencia (CPLT) emitió una alerta pública a través de su presidente, Jorge Jaraquemada, advirtiendo sobre los riesgos de usar esta aplicación. Jaraquemada fue muy claro: “quienes usan esta aplicación entregan sus datos biométricos a una empresa con bajos estándares de protección de datos”. El organismo chileno subrayó que la imagen del rostro es un dato personal y que las aplicaciones como FaceApp facilitan el uso indebido y la sustracción de datos personales.
Lo más revelador del llamado del CPLT fue la denuncia sobre la situación regulatoria: la legislación chilena sobre protección de datos no se actualizaba desde 1999, dejando a los ciudadanos prácticamente desprotegidos ante este tipo de aplicaciones. Jaraquemada enfatizó la necesidad urgente de una nueva ley de protección de datos con un órgano autónomo que pueda fiscalizar a las redes sociales y aplicaciones que tratan datos personales, con capacidad de sancionar en caso de incumplimiento.
La alarma fue tan grande que incluso el senador estadounidense Chuck Schumer solicitó al FBI una investigación oficial sobre FaceApp, motivado por los temores sobre el origen ruso de la aplicación y el destino de los millones de rostros que se estaban recopilando.
La Reflexión: Divertido no Significa Inocuo
FaceApp nos enseñó una lección valiosa: la rapidez con la que se pueden reunir millones de imágenes de rostros es asombrosa. En cuestión de días, una simple diversión viral logró lo que muchos proyectos de inteligencia artificial tardan años en conseguir: una base de datos masiva de caras etiquetadas, variadas y reales. El éxito de FaceApp demuestra cuán laxos somos con nuestra privacidad cuando algo resulta entretenido, y cómo el diseño de consentimiento —esos interminables términos y condiciones que nadie lee— se ha convertido en un mecanismo imperfecto para proteger nuestros derechos.
No se trata de alarmarse ni de dejar de usar todas las aplicaciones. Se trata de ser conscientes: la próxima vez que una app te pida acceso a tu cámara o a tu galería de fotos, pregúntate: ¿qué va a pasar con mi imagen? ¿Dónde se va a almacenar? ¿Quién la puede ver? Porque tu cara, amiga y amigo lector, vale mucho más de lo que crees —y es mejor que tú decidas con quién la compartes.
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Referencias
[1] Brownlee, C. (2019, 25 de julio). “¿Qué tanto debemos preocuparnos por FaceApp?”. Letras Libres.
[2] Carrasco, G. (2019, 2 de agosto). “Yaroslav Goncharov, el rostro detrás de la app que envejece rostros”. Montevideo Portal.
[3] Valenzuela, A. (2019, 17 de julio). “CPLT advierte sobre riesgos en el uso de la aplicación que transforma la imagen de tu rostro”. Consejo para la Transparencia (Chile).


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